VIERNES SANTO
Aquella aclamada entrada de Jesús en Jerusalem, va poco a poco cambiando. Jesús se va quedando solo. De hecho comparte la noche del jueves apenas con los más cercanos. En esa madrugada es tomado prisionero y llevado a un proceso donde no está claro de que se lo acusa, pero si está presente la certeza de que debe ser matado. En el viernes santo recordamos la muerte de Jesús. Es asesinado, pero el se ofrenda con amor, haciendo surgir la redención humana.
Lectura Bíblica:
“El gobernador les preguntó otra vez:
—¿A cuál de los dos quieren ustedes que les ponga en libertad?
Ellos dijeron:
—¡A Barrabás!
22Pilato les preguntó:
—¿Y qué voy a hacer con Jesús, el que llaman el Mesías?
Todos contestaron:
—¡Crucifícalo!
23Pilato les dijo:
—Pues ¿qué mal ha hecho?
Pero ellos volvieron a gritar:
—¡Crucifícalo!”. Mateo 27:21-23
Invitación a la reflexión:
Allí está Jesús, expuesto a una decisión que nadie quiere tomar. Va rodando de oficina en oficina, de Caifas a Pilato. Querer encontrar una razón y no poder. Por ello se entretejen traiciones, manipulaciones y silencios. Así se llega al momento de la decisión, y pasa por esa multitud a quien los sacerdotes y los ancianos convencieron.
Allí está Jesús, una culpa que no aparece, pero una voluntad sellada: ¡Crucifícalo! Así sin resistencia Jesús se expone a la violencia humana, y lo hace con dolor, tristeza, también con el “perdónalos porque no saben lo que hacen” que brota de sus labios.
Oración:
Señor y Dios nuestro, aquí estamos, cargando nuestras propias contradicciones, nuestras propias traiciones y silencios. También nosotros hubiéramos estado allí, fuimos alguno de ellos. Perdónanos. Amén.

