REFLEXION
“El sur también existe” decimos y también lo cantamos con Serrat. Y resulta una afirmación cargada de dudas, más que de certeza. El sur, bien lo sabemos es lo periférico, lo relegado del mundo. Es sobre todo una idea difundida y aceptada. Difundida por quienes sostienen que el centro está y es el norte del mundo, y aceptada por quienes vivimos en el sur a ser periféricos. Es claro también que todo esto está medido por parámetros de potencialidad económica, política, militar. Si eso define que es centro y periférica, tal vez vivir en la periferia está bueno.
Podemos mirarnos en el espejo del propio Jesús. El nació y vivió en Galilea, una región periférica del norte de Palestina; en Nazaret, un pueblo sin una particular importancia. Su población eran muy simple, tan simple como la mayoría de los habitantes de nuestros pueblos y ciudades: campesinos, artesanos, empleados. Gente que trabaja diariamente para tener su sustento.
Jesús no pertenecía a una familia vinculada al poder sea religioso, económico o político. De hecho aprende la profesión de su padre y prestará servicio a su pueblo como carpintero.
A los 30 años comienza a recorrer toda la región de Galilea, asumiéndose ya como el Mesías, enviado por Dios a proclamar la buena noticia del Reino de Dios, demostrando tanto en palabras y hechos que dios ama a la humanidad, en especial a los más débiles, enfermos, marginados, desesperados, paganos; es decir a todos lo que viven en la periferia, los que no participan de los espacios de poder.
Sin embargo, no siempre fue bien recibido. Fue muy común que la gente se preguntará si de Nazaret o de Galilea ¿podía salir algo bueno? En Nazaret mismo las preguntas eran ¿dónde aprendió éste tantas cosas? ¿de dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace? ¿no es éste el carpintero, el hijo de María…?
También nosotros pensamos que las soluciones llegarán de personas y lugares “importantes” y sin embargo la plenitud de vida está generalmente en lo simple, sencillo, humilde. Eso a veces cuesta entenderlo y por ello nos perdemos la posibilidad de disfrutar de la vida como una oportunidad que vale la pena, aunque a veces por vivir en la periferia sea duro.
Sergio Bertinat
Pastor

