RECURSOS – Reflexion
EL DESIERTO COMO OPORTUNIDAD

Sequías… interminables meses que ya son años sin lluvia, y la tierra de la cosecha y de la cría de ganado, de los apiarios y de tantas otras formas de producción y sustento de la vida, transformada, poco a poco, en una superficie vacía.
Viento… que transforma la superficie de la tierra seca en nubes de polvo que llenan los ojos, las casas, las vidas…
Soles abrasadores, falta de agua, viento, tierra seca … figuras centrales del escenario de la vida cotidiana que desde hace meses venimos viviendo en esta puerta de la Patagonia. Escenario que se parece mucho al de un tiempo muy importante en la historia de la salvación del pueblo de Israel: el de la vida en el desierto.
La historia de la vida en el desierto fue para Israel camino y preparación para la vida en la tierra de la promesa, tierra donde la leche y la miel corren como el agua…
El desierto en la experiencia de Israel fue el escenario del reencuentro con el Dios de la liberación; el tiempo en que Dios se presentó a Moisés, en el primero de los mandamientos, como el Dios que saca de la esclavitud… Dios que además de crear, de llamar a los padres, se indignó con la injusticia y la opresión por eso sacó al pueblo de la esclavitud del imperio egipcio y lo acompañó a vivir a una tierra de vida, de salud, de abundancia…
El desierto fue, en la experiencia de Israel, un tiempo de encuentro como grupo humano en el camino hacia la libertad: tiempo de organización, de capacitación para una vida nueva, de la formulación de una conciencia crítica de las aparentes seguridades que la esclavitud del imperio engañosamente ofrecía: la dependencia de una olla de comida o la libertad del protagonismo y la organización comunitaria.
El desierto fue el tiempo de redescubrir la omnipotencia del Dios en quien creían: Dios mandó comida segura y suficiente cuando parecía que morirían de hambre… Dios convirtió el agua amarga en agua dulce…el desierto fue un tiempo de construcción comunitaria que deconstruyó muros de dudas, ambigüedades, y esclavitudes y fue simiente de organización y aprendizaje, fue oportunidad de encuentro y conocimiento de Dios.
El desierto, entre dudas y certezas, pieles resecas y ojos llenos de polvo también fue fiesta, danza música, y ofrenda.
¿Podrá ser también para nosotros/as la vida en el escenario de este desierto, un tiempo de oportunidades, de camino, de búsquedas, de liberación, de fiesta y gratitud?
Este tiempo de desierto que nos llena de contradicciones y confusiones, puede transformarse en oportunidad si nos animamos a sentirlo y a pensarlo, desde la experiencia del pueblo de la promesa, como un tiempo para dejar los encierros y lamentos individuales y encontrarnos como comunidad de fe a compartir lo que nos pasa, analizar la situación, pensar juntos y juntas un proyecto que nos incluya y nos haga saborear libertad. Puede este tiempo transformarse en oportunidad de capacitarnos y aprender a vivir sin someternos a voluntades ajenas, a esclavitudes, a ataduras, sino atreviéndonos a ser protagonistas.
En este tiempo de desierto, de tierra agrietada y agua amarga, Dios nos convoca a la oportunidad de reencontrarnos y redescubrir su poder: el poder de su presencia y su amor, que aun en medio de tantos sinsabores se revela y nos permite seguir soñando, creyendo, amando, buscando; nos capacita y nos convoca a trabajar por una sociedad, una iglesia, una vida más solidaria, más plena, más digna. Si nos dejamos alcanzar por la invitación y los desafíos de Dios, éste será, en el desierto, también un tiempo de oportunidades…
Claudia Tron
Pastora

