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LOS VALDENSES, UN AYER QUE VIVE Y PROCLAMA SU FE EN JESUCRISTO

Hoy queremos iniciar un ciclo de Historia Valdense. El mismo fue escrito por Febe Barolin, miembro de la Iglesia Evangélica Valdense de Colonia San Gustavo, Entre Ríos; y publicado en el periódico de dicha comunidad “La Voz Valdense”. Las fuentes bibliográficas usadas principalmente fueron: Historia de los valdenses, del Pr. Ernesto Tron; Los Valdenses, crónica de una herejía, de Octavio Aceves; y Los Valdenses, de Giorgio Tourn. Este ciclo recorrerá los momentos más significativos de una historia singular, desde su comienzo mismo con la conversión de Pedro Valdo, pasando por su osadía para difundir el Evangelio, soportar terribles persecuciones y la porfiada perseverancia de querer ser y vivir en una determinada zona. He aquí el primer capítulo.

Pedro Valdo

Un tal Valdo, comerciante adinerado de Lyon (Francia) quien, aproximadamente en el año 1174 se convierte al Evangelio es quien pone en marcha el movimiento valdense. Decide hacer traducir en lengua popular parte de la Biblia y comenzar a leerla y predicarla al pueblo sin ser sacerdote. Al mismo tiempo renuncia a su actividad, a sus bienes, que reparte entre los pobres. Valdo no dejó nada escrito, ni reglas, ni órdenes; simplemente se limitó a vivir su fe. Estos valdenses primitivos eran laicos católicos que reivindicaban el derecho a predicar el Evangelio sin ser sacerdotes. Por ello fueron excomulgados de la Iglesia Católico Romana en el año 1184.

Pedro Valdo

La conversión.

Precisamente, será durante una de las peores carestías de la época, que Valdo se convierte inspirado por el ideal de pobreza que leía en los evangelios traducidos al idioma vulgar y por la leyenda de San Alejo que había escuchado de un juglar.
En la primavera del año 1173, Valdo entra en una crisis de conciencia. Tiene la gran preocupación por la salvación eterna; decide cambiar de vida, despojándose de sus bienes y vivir en la pobreza absoluta. En aquel entonces, conversión significaba entrar en un convento, a fin de vivir el cristianismo a fondo de acuerdo a los monjes. Pero Valdo no tomó esa decisión: continuó siendo un cristiano laico. Según el Anónimo de Laón, cierta vez Valdo escuchó a un juglar; se entusiasmó tanto que lo invitó a su casa. Los juglares tenían distintos orígenes sociales; eran músicos y educadores itinerantes… La itinerancia prefigura, de algún modo, la opción radical de Valdo. Después de la entrevista con el juglar, Valdo dialoga con un teólogo, quien le propone considerar Mateo19:21: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”.

Valdo asume esta exhortación de Jesús al pie de la letra, la toma en serio y se la adjudica a sí mismo. Le concede a su esposa la libertad de elegir entre los bienes muebles e inmuebles. La esposa no comparte la decisión de Valdo, pero finalmente elige bienes inmuebles: terrenos, agua, bosques, prados, casas, dinero, viñas, molinos y hornos. Valdo se queda con un horno, con el cual pagará la traducción bíblica. El dinero de Valdo es utilizado para rembolsar a los damnificados por la usura; una segunda parte la destina a la educación de sus hijas, en el convento de Fontevrault. Una tercera parte del dinero va para una olla popular para indigentes, que Valdo inaugura en Lyon el día de Pentecostés. Tres días a la semana, por dos meses, da de comer a los más pobres. El 15 de agosto, día de la Asunción de la virgen María, Valdo, viendo sus últimas monedas y tirándolas en el piso, exclamó: “Nadie puede servir a dos señores: Dios y Mamón” (Mt.6:24). Muchos pensaron que se había vuelto loco, pero Valdo aprovechó para realizar su primera proclama pública evangelística, diciendo: “Ciudadanos y amigos míos: no estoy loco como Uds. piensan; más bien me estoy vengando de mis enemigos que me habían obligado a preocuparme más del dinero que de Dios, y así servía más a la criatura que al Creador. Sé que muchos me criticarán de haberlo hecho en público, pero yo lo hago por mí mismo y por Uds: por mí, a fin de que, de ahora en más, si Uds. me vieran poseer el dinero, digan que estoy loco; para Uds., a fin de que aprendan a poner vuestra esperanza en Dios y no en las riquezas.”

La Biblia

Se dice que Valdo iba a misa y escuchaba los Evangelios. Algo sabía de latín. Se interesa por saber más de la Biblia. De ahí que se conecta con el sacerdote Esteban de Anse, lingüista, conocedor del latín, y el copista Bernardo Ydros. Nació entonces la “Biblia de Valdo” en francés, conteniendo unos cuantos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, además de traducciones de las sentencias de los padres de la Iglesia. Se presume que esta “Biblia”, que contenía buena parte del Nuevo Testamento, fue la primera “edición” casera de los textos bíblicos en una lengua derivada del latín. Esta Biblia contenía, por lo que se puede saber: los Salmos con glosas, libros sapienciales del Antiguo Testamento y un comentario de Job por Gregorio Magno; los Evangelios, cartas de Pablo y otros; y un apéndice con una serie de sentencias de los padres latinos (Agustín, Ambrosio, Jerónimo y Gregorio).
La Biblia va marcando el terreno de la verdadera interpretación cristiana propuesta y exigida por Valdo y los suyos. El principio protestante del Siglo XVI de sola scriptura ya era defendido por los valdenses de la primera hora.

Pedro Valdo

Pedro Valdo

La predicación Según el Anónimo de Laón, los primeros seguidores de Valdo también eran ricos. Fue tan fuerte la predicación de Valdo, que estimuló el seguimiento de gente de su misma condición socioeconómica. La predicación fue dirigida a abrazar la pobreza. También se fueron sumando los pobres.
Después los Pobres en el Espíritu (nombre asumido por Valdo y sus seguidores) comienzan a confesarse mutuamente los pecados, entre ellos, sin la presencia de sacerdotes. Pronto se van sumando muchos adeptos, seguramente impresionados por la diferencia en la forma de vida entre los Pobres en el Espíritu y muchos clérigos que vivían en la opulencia.
El recitado de memoria de muchos textos bíblicos, particularmente de los Evangelios, la predicación en los lugares públicos y la salida a otras localidades, fueron configurando este movimiento de reforma radical de la Iglesia (léase por ejemplo Mateo 10: el envío de Jesús a sus discípulos). La predicación itinerante, entonces, pasa a caracterizar a los Pobres en el Espíritu. Van de dos en dos. Las mujeres comienzan a predicar a más tardar a los diez años de comenzado el movimiento. Los Pobres en el Espíritu sostenían que eran los verdaderos discípulos y discípulas de Cristo, considerando el Evangelio al pie de la letra. Más que una nueva Iglesia doctrinaria, los Pobres en el Espíritu optan por la transformación personal y comunitaria de la vida cristiana.

Pobreza y predicación, entonces, se van conformando como un binomio imprescindible en el nacimiento del movimiento valdense. Asimismo, una clara conciencia de libertad impregnaba a este movimiento: ni la Iglesia oficial ni los poderes económicos y políticos del mundo pueden anteponerse a la decisión de seguir a Cristo de manera radical. Valdo y sus seguidores/as optaron por ser personas más libres, no avergonzándose de la pobreza ni del Evangelio que anunciaron y se comprometieron a vivir.

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