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LOS VALDENSES, UN AYER QUE VIVE Y PROCLAMA SU FE EN JESUCRISTO

Continuamos el ciclo de Historia Valdense escrito por Febe Barolin, miembro de la Iglesia Evangélica Valdense de Colonia San Gustavo, Entre Ríos; y publicado en el periódico de dicha comunidad “La Voz Valdense”.  Las fuentes bibliográficas usadas principalmente fueron: Historia de los valdenses, del Pr. Ernesto Tron; Los Valdenses, crónica de una herejía, de Octavio Aceves; y Los Valdenses, de Giorgio Tourn.   Este ciclo recorre los momentos más significativos de una historia singular. Aquí el tercer capítulo.

3. Estalla la persecución

Los enemigos de la fe evangélica y de la libertad religiosa, alarmados por los progresos del movimiento valdense que iba conquistando de una manera tan rápida toda Europa, no tardaron en tomar medidas violentas para sofocarlo.  En todas partes estalló la persecución cruel, sangrienta, implacable.
Los valdenses se vieron obligados a buscar lugares seguros para poderse mantener.  Tanto los de Italia como los de Francia “alzaron los ojos hacia las montañas de donde debía venir el socorro” Salmo 121:1.

En un rincón agreste, rocoso y pintoresco de los Alpes hallaron un refugio que la misma providencia pareció haberles preparado para su salvación.  Allí, en es baluarte natural, por siglos, vivieron su fe.  Por eso toda esa zona se conoce como los “valles valdenses”, lugar que habitan hasta hoy. No todos llegaron a la vez, sino poco a poco, llevados por las distintas persecuciones que arreciaban por todas partes.  Allí encontraron además de refugio, pocos habitantes que vivían una vida sencilla y primitiva que los recibieron con benevolencia y que poco a poco fueron adoptando la fe evangélica.
Un fraile, llamado Santo Domingo, se había propuesto, en el Sur de Francia, convertir a los valdenses organizando verdaderas misiones; pero viendo la imposibilidad de convencerlos con argumentos, instituyó la inquisición con el fin de combatirlos con cualquier medio.  Esta triste institución, fue sancionada oficialmente por la Iglesia de Roma en 1225. Relatar la historia de la inquisición, es hacer las narraciones más horrendas que se puedan imaginar y que revelan la crueldad increíble del corazón humano.  Gracias a ella, miles de fieles testigos del Evangelio fueron desterrados, torturados y muertos sin piedad.

Los Valles Valdenses se vieron muy pronto rodeados por este implacable cerco.  La primer víctima de esta persecución que se conoce en los valles es el de una mujer acusada de “valdesía”, quien fuera quemada viva hacia el año 1312. Este comienzo duró más de doscientos años, en los cuales los valdenses fueron cercados y atacados constantemente por los ejércitos de la inquisición.   Poblaciones enteras zaqueadas, tomadas prisioneras y obligadas a renunciar a su fe, torturadas y asesinadas.  Como pueden resisten en refugios de la montaña.

Como para sintetizar el espíritu de la resistencia de los valdenses rescatamos una carta enviada en 1488 a Alberto Cattáneo, uno de los tantos inquisidores:
“Somos súbditos fieles y verdaderos cristianos.  Nuestros maestros, insignes por santidad de vida y por doctrina, están listos a comprobar que nuestras ciencias son rectas, que merecemos alabanza antes que persecución.  No queremos seguir a los que violan la ley evangélica y se alejan de la tradición de los apóstoles.  Las riquezas son despreciadas por nosotros… Confiamos en Dios; nos esforzamos en complacerle antes que a los hombres, y no tememos al que puede matar el cuerpo, pero no el alma.”

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