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FRATERNIDAD VALDENSE EN SAN MARTIN


El domingo 22 de agosto, y continuando con los almuerzos comunitarios de los cuartos domingos, se decidió celebrar la Fraternidad Valdense.  Todo comenzó con un culto alusivo a rememorar la historia de la Iglesia Valdense y luego compartir la tradicional polenta.   Fue una nueva oportunidad para afianzar la fraternidad y tener presente que somos herederos de una historia de fe y compromiso que debemos continuar.

El por qué de esta celebración

FRATERNIDAD VALDENSE EN SAN MARTIN

Estamos iniciando el 1800, ya van 100 años en que los valdenses no sufren una abierta y cruel persecución.  Están en su tierra, sufren discriminación y presiones varias a causa de su fe.  Poco a poco la fe se fue adormeciendo sobre las glorias del pasado.
Los cultos y catecismo eran formales y se limitaban a inculcar los principios generales de la moral.  El domingo era profanado y en lugar de la sencillez y de la buena fe tradicionales crecieron los pleitos y un marcado materialismo avaro.  La iglesia se limitaba a guardar con esfuerzo su alta respetabilidad adquirida por su historia.
¿Estaba la iglesia evangelizadora y fiel destinada a ser absorbida por el mundo?  No, porque Dios le reservaba una gran misión, y pronto llegaba el avivamiento.  
Uno de los instrumentos más eficaces fue Félix Neff.

Con su predica exaltada y potente y las conversaciones que los acompañaron, produjo una profunda impresión, que pronto se convirtieron en reuniones de avivamiento.  Suscitó un nuevo amor por la Biblia, fomentó la evangelización local de casa en casa, de aldea en aldea, con cultos de familia, reuniones de edificación, cultos de llamamiento, promovió la educación de la niñez por medio de la escuela dominical.
De este movimiento, inicialmente pequeño en cantidad y visto con desconfianza por la mayoría de los valdenses, surgió la celebración de la fraternidad valdense el 15 de agosto de 1834.  Al poco tiempo este movimiento se fragmentó y extinguió, pero la semilla de una renovación de la vida de fe estaba y el despertar llegaría a toda la iglesia valdense, la que años más tarde en 1848 al recibir el edicto de emancipación retomaría su misión evangelizadora.
Hoy, a casi 110 años de presencia en el sur argentino, la Iglesia Evangélica de Colonia Iris, enfrenta un desafío similar.  La fe se ha ido adormeciendo y limitando a la práctica esporádica para algunos momentos significativos de la vida.

¿Habrá un resurgir de la fe y el testimonio?

FRATERNIDAD VALDENSE EN SAN MARTIN

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