DR. RENE FAVALORO A 10 AÑOS DE SU MUERTE
Pequeña reseña de su vida
Este 29 de julio de 2010 se cumplieron 10 años de la muerte del Dr. René Favaloro, uno de los médicos más prestigiosos de la Argentina. Reconocido a nivel mundial por sus avances en la medicina, como la creación de la técnica del Bypass. Comenzó su carrera profesional en un pueblo humilde de la provincia de La Pampa, en Jacinto Arauz, hoy reconocido como “el pueblo de Favaloro”; y desde allí, no sólo los atendía en la enfermedad, sino que además los educó en la higiene básica para prevenir dichas enfermedades.
Creía, convencido, que el acto médico “debe estar rodeado de dignidad, igualdad, piedad cristiana, sacrificio, abnegación y renunciamiento”. Con esta convicción partió desde La Pampa a los EEUU en busca de su verdadera vocación como médico: el área cardiovascular. En los EEUU, estudió y trabajó duro hasta sentirse realmente listo para regresar al país y así enseñar y transmitir todo lo aprendido. “Una vez más –carta de despedida al director de la Cleveland Clinic, Donald B. Effler– el destino ha puesto sobre mis hombros una tarea difícil. Voy a dedicar el último tercio de mi vida a levantar un Departamento de Cirugía Torácica y Cardiovascular en Buenos Aires.
En este momento en particular, las circunstancias indican que soy el único con la posibilidad de hacerlo. Ese Departamento estará dedicado, además de a la asistencia médica, a la educación de postgrado (…) y a la investigación clínica”.
En 1971 regresa al país y cuatro años más tarde crea la Fundación Favaloro con ese objetivo en mente; y tuvo el orgullo de formar a más de cuatrocientos cincuenta residentes provenientes de todos los lugares del país y Latinoamérica.
Veinte años más tarde funda el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro con el único lema de tener una “tecnología de avanzada al servicio del humanismo médico”.
Luego de una larga carrera como médico y docente, el 29 de julio de 2000, a los 77 años, envuelto en una gran depresión se quita la vida de un disparo al corazón. “No se hable de debilidad o valentía. El cirujano vive con la muerte, es su compañera inseparable, con ella me voy de la mano”. Médico y docente, pero sobre todo, un hombre que sabía que la única carta de triunfo en esta vida es la de morir de la misma forma en que vivió: sin traicionarse a uno mismo.
Las razones de este final, las explicó el mismo en lo que se conoce como “la última carta de Favaloro”, que podrán leerla en el adjunto.
Nuestro homenaje, seguir con su sueño y compromiso
Para concluir nuestro homenaje y reconocimiento por su labor, que también incluyo sus charlas en el salón de nuestra Iglesia Valdense de Jacinto Arauz, es muy oportuno recordar algunos conceptos finales de su libro “Recuerdos de un médico rural”.
“He terminado de relatar mi vida de médico rural. Después de permanecer casi diez años en los Estados Unidos regresé en junio del `71. Gracias a mi actividad –ahora como médico especializado- he vuelto a recorrer el país como parte de la enseñanza de postgrado… ¡Quién va a negar el progreso! Caminos y medios de comunicación son totalmente diferentes, la ruta 35 está asfaltada, Jacinto Aráuz tiene agua corriente, calles pavimentadas y televisión. Seguramente un paciente complicado puede estar en Bahía Blanca en algo más de una hora.
Sin embargo estoy convencido que en profundidad todo está igual. Ranchos miserables y villas miserias se ven por doquier, pobres escuelitas rurales más destartaladas que nunca están, si se las quiere ver, con maestros que, como los Guiñázú, siguen recibiendo salarios alejados de la realidad. A pesar de la abundancia de médicos carecemos de una medicina organizada…
¿Tendremos capacidad de reaccionar? ¿Seremos capaces de realizar la verdadera reconstrucción? ¿Aceptaremos, sin ambages y sin justificaciones que esta sociedad que llamamos occidental y cristiana está llegando a su fin? ¿Seremos testigos complacientes de que nuestro país también alcance los niveles de libertad desenfrenada de la sociedad de consumo donde la droga, la violencia, el abuso sexual, el crimen, el despilfarro, la destrucción de la naturaleza y la injusticia social son sus resultados?…
¿O tendremos tanta franqueza de construir la Grande Argentina,… Ello sólo será posible si todos aceptamos nuestras responsabilidades. Habrá que comprender que el hombre forma parte de una sociedad a la cual debe entregarse para mejorarla. Se ha terminado la etapa individualista. Al adelanto tecnológico habrá que agregar el humanismo, basado en los reales principios cristianos… Será un camino largo el que habrá que recorrer. Si analizamos en profundidad nuestro pasado y estamos dispuestos a realizar los cambios estructurales que la Argentina necesita, entonces sí, justifaremos los errores cometidos. Que así sea, para bien de todos.
Perdóneseme tanta franqueza.”
Enero 26 de 1980


