DIA DEL TRABAJADOR
EL TRABAJO COMO VOCACIÓN Y BENDICIÓN
1 de mayo: día del trabajador
El 1º de Mayo de 1886, un grupo de obreros estadounidenses se movilizó en reclamo de reivindicaciones laborales, entre ellas el pedido de reducción de la jornada laboral a 8 horas. La protesta, llevada a cabo inicialmente por 80.000 trabajadores, pronto desembocó en una huelga nacional que afectó a numerosas fábricas. La fuerza demostrada por los obreros en su reclamo marcó un antes y después en la historia laboral, instaurándose aquella fecha como el “Día del trabajador”. En Argentina, el día del trabajador se conmemora desde fines del siglo XIX. El primer acto se realizó en 1890, en el Prado Español de Buenos Aires, y contó con la participación de numerosos movimientos obreros, integrados en su mayoría por inmigrantes -alemanes, italianos, españoles y portugueses-. Hoy no solo este día remite a los obreros, sino que incorpora a todas las personas que realizan trabajos remunerados o no.
En conmemoración de este día la siguiente reflexión
EL TRABAJO COMO VOCACIÓN Y BENDICIÓN
El trabajador pone en marcha el proyecto histórico de la humanidad. El trabajador es el signo viviente de la continuidad del proceso creador de Dios. Negarle a una persona la posibilidad de un trabajo necesario y gratificante es como negarle la cualidad de persona creada a imagen y semejanza de Dios.
Lo que llamamos dignidad.Visto en esta perspectiva el trabajo constituye una bendición. Sin embargo sabemos que esto no es así para muchas personas. Es que el mismo ser humano lo ha convertido en maldición: en un sacrificio, en una fatiga dolorosa, en una rutina frustrante, o lo peor en una necesidad imperiosa para poder obtener el sustento. Esto sucede cuando por ambición se explota a trabajadores y a la naturaleza; cuando limitamos el trabajo al empleo, a un medio para obtener un salario; cuando limitamos el trabajo al tener y no a ser por medio de él. Cuando esto sucede, somos los más desdichados y los más infelices, porque hemos perdido el sentido a la misma vida, nos hemos deshumanizado.
Es ahí, cuando hacemos real la significación del término trabajo, que es una derivación del latín “tripalium”, que significaba tres palos y se empleaba como instrumento de tortura. El trabajo como un sacrificio o como una maldición, es una idea que cada vez más está ganando más adeptos. Y esto sea que nos deshumanicemos trabajando sin límites en pos no del disfrute sino de más ganancias, o que trabajemos lo menos posible y con las menos ganas posible, o que nos acostumbremos a no trabajar y tratar de que alguien nos sustente.
Es por ello que desde la Biblia se nos invita a redescubrir el significado y sentido del trabajo en sus tres dimensiones esenciales:
1-Como expresión de los que somos.
El trabajo nos identifica, dice qué somos y a la vez nos realiza en tanto nos gratifica. Destruimos a una persona cuando nos resignamos a que el trabajo pueda hacerse sin alegría, sin realización, sin imaginación y creatividad. Lamentablemente esto es una realidad para demasiadas personas. Algunas pueden cambiar con un cambio de actitud o predisposición, pero muchas necesitan una transformación de las condiciones laborales.
2-Como espacio que nos relaciona con la sociedad.
El trabajo produce comunidad y pone en el ánimo de las personas el orgullo de pertenecer a un grupo que tiene sus metas y nos reconoce como necesarios. Desde aquello que hacemos nos sentimos útiles. Claro no siempre esta valoración se da, hay muchos trabajos denigrados y por tanto no reconocidos.
3-Como posibilidad de unión con la naturaleza.
La Biblia habla del fruto de nuestro trabajo como una bendición. Es que Dios le ha dado al ser humano la tarea de continuar creando, generando vida para la vida. Todo trabajo, aun el que se realiza en blindados laboratorios tiene su vínculo con la naturaleza, pues todo se genera a partir de ella. Hoy tampoco estamos reconciliados con ella, sino que más bien nos une una actitud de uso desmedido y maltrato a su integridad.
Por lo que decíamos en el comienzo, es demasiado importante el trabajo tanto para el plan de Dios como para nuestro ser humanos, como para renunciar a esos objetivos trazados por Dios. Como cristianos tendremos siempre el deber de señalarlo.
Sergio Bertinat
