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7. LOS VALDENSES Y LA BIBLIA

LOS VALDENSE UN AYER QUE VIVE Y PROCLAMA SU FE EN JESUCRISTO

Continuamos el ciclo de Historia Valdense escrito por Febe Barolin, miembro de la Iglesia Evangélica Valdense de Colonia San Gustavo, Entre Ríos; y publicado en el periódico de dicha comunidad “La Voz Valdense”.  Las fuentes bibliográficas usadas principalmente fueron: Historia de los valdenses, del Pr. Ernesto Tron; Los Valdenses, crónica de una herejía, de Octavio Aceves; y Los Valdenses, de Giorgio Tourn.   Este ciclo recorre los momentos más significativos de una historia singular. Aquí el septimo capítulo.

El movimiento valdense se distinguió, desde el principio, por la importancia que siempre dio a las sagradas escrituras. Pedro Valdo se preocupó de hacer traducir al idioma corriente porciones bíblicas. “Valdo, ha escrito un historiador, es un hombre de su época, que en su ciudad encontró al Cristo de los evangelios”. Por esta razón, más que el origen de la crisis de Valdo, interesan las consecuencias: su decisión de hacer traducir en la lengua vulgar hablada en la región de Lyon fragmentos de las Escrituras para poderlas leer, y la renuncia a su actividad y sus bienes. Las dos decisiones están estrechamente ligadas y se ignora cual precedió a la otra, o si se produjeron al mismo tiempo. De todas maneras el costo de la traducción y copia de los libros de la Biblia debió ser bastante elevado, por lo cual se puede suponer que las hizo hacer cuando aún conservaba sus bienes. El hecho de leer las escrituras no es algo excepcional ni contrasta con las directivas de la Iglesia de su tiempo, pero sí lo es leerla y comentarla en la lengua popular, en público, por parte de quien no era sacerdote.

Luego fueron los Barbas quienes se ocupaban, con un celo admirable, de la difusión de las doctrinas bíblicas. Circulaban las traducciones en idiomas corrientes, manuscritas, pero eran insuficientes y costosas. El Sínodo de Chanforan, en medio de un clima de renovación teológica, resolvió que se hiciese  una nueva traducción en francés de toda la biblia directamente de los textos hebreos y griegos y que se imprimiera dicha traducción. Esto muestrea que la nueva situación requiere nuevos instrumentos de testimonio, ya que las antiguas traducciones en provenzal valdense no responden a las exigencias de los tiempos, ni al estado en que se hallan las investigaciones,

Los valdenses en un noble gesto, resolvieron costear los gastos de impresión que ascendieron a 1.500 escudos, suma enorme para esos tiempos.

La traducción fue encargada a Pedro Robert, llamado Olivetán, hombre de instrucción sólida y de admirable consagración; era primo del gran reformador Calvino, quien escribiría el prefacio de la obra. Olivetán efectuó su largo y penoso trabajo en los años 1533 y 1535 en una humilde aldea, desconocida,  de los valles, en donde se dedicaba al ministerio de la enseñanza. La noble dedicatoria lleva la fecha: “DE LOS ALPES, EL 12 DE FEBRERO DE 1535”.

BIBLIA

El prefacio, conmovedor, dirigiéndose a la iglesia evangélica en general, expresa estas palabras:

“El pueblo que te da este obsequio, ha sido puesto al margen por más de trescientos años y apartado de ti. Ha sido considerado como el peor que haya existido. Las personas hacen todavía de su nombre un objeto de vituperio. Sin embargo, él es el verdadero pueblo paciente que con fe y caridad venció en silencio todo ataque: ¿no le reconoces? Es tu hermano que, como José, ya no puede resistir a la tentación de darse a conocer”.

Así los valdenses fueron, no deudores, sino más bien dadores de la primera Biblia a los reformados de lengua francesa.

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